febrero 6, 2026

Hay un momento en el camino del solopreneur en el que te das cuenta de algo incómodo… no es que te falten ideas, ni ganas, ni ambición. Te falta una estructura que te sostenga cuando estás cansado, cuando tienes varios frentes abiertos, o cuando simplemente no tienes claridad. Y ahí es cuando la inteligencia artificial deja de ser “una herramienta interesante” y se vuelve lo que realmente puede ser: una extensión de tu sistema. Un brazo extra que no se fatiga, que te ayuda a pensar mejor, a ejecutar más rápido y a mantener foco cuando tu mente quiere dispersarse. Pero no hablo de usar ChatGPT como todo el mundo lo usa, para pedirle textos genéricos y copiar y pegar.

Hablo de crear tu propio GPT: un bot personalizado con un objetivo claro, diseñado para resolver un problema específico de forma repetible, rápida y útil.

Porque un buen GPT no es “IA por IA”. Es un activo digital. Es como tener un robot en la entrada de tu tienda que recibe a cada persona que entra, le hace dos o tres preguntas inteligentes, y en menos de un minuto le entrega algo valioso: una guía, una recomendación, una respuesta, una solución, un primer paso. Y no solo lo hace una vez. Lo hace cada día, con cada nuevo visitante, de manera consistente, sin que tú tengas que estar presente. Esa es la magia real: que el esfuerzo fuerte lo haces una vez, y luego ese GPT se convierte en una pieza que trabaja contigo, no solo para ti.

Lo más interesante es que esto no solo te sirve como “productividad personal”, que ya sería suficiente. También puede convertirse en una estrategia para crecer tu lista de emails y tu audiencia, especialmente si lo usas como un quick win: una herramienta simple, directa y concreta que ayuda a alguien a obtener claridad inmediata. En lugar de pedirle a la gente que descargue un PDF largo o que vea una masterclass de 40 minutos, les das una experiencia corta, útil y personalizada. Y cuando alguien recibe valor real en el primer minuto, se crea algo que es mucho más difícil de conseguir con contenido tradicional: confianza. Esa confianza es el inicio de una relación. Y esa relación, bien guiada, termina en ventas, clientes, oportunidades y buena reputación.

Lo mejor de todo es que no necesitas ser programador para crear esto. No necesitas saber código, ni automatizaciones complejas, ni herramientas raras. Lo que sí necesitas es claridad: entender qué problema quieres resolver, para quién, y qué resultado quieres entregar. En este blog te voy a mostrar el proceso exacto en cinco pasos para crear tu GPT desde cero, probarlo contigo primero (porque ese es el filtro más importante), y luego transformarlo en un activo que puede ayudarte a construir tu lista de emails y tu sistema de ventas con más intención.

Y para que quede claro desde el inicio: no se trata de “hacer un bot”. Se trata de diseñar una experiencia útil. Un GPT bien creado no es un juguete. Es un asistente silencioso que trabaja en tu negocio, refuerza tu mensaje y te ayuda a multiplicar tu tiempo. Ahora sí: empecemos con el Paso 1, que es donde casi todos fallan antes de siquiera comenzar.

1. Define para qué quieres tu GPT (antes de tocar un solo botón)

Antes de abrir el constructor de GPTs y empezar a escribir instrucciones como loco, necesitas hacer algo mucho más importante: pensar. Pensar de verdad. Tener claridad absoluta sobre qué problema quieres resolver, para quién y qué resultado concreto debe entregar tu GPT. Porque un GPT sin un objetivo claro no es una herramienta estratégica… es un juguete caro. He visto a mucha gente crear GPTs solo porque “están de moda”, porque suena innovador o porque quieren decir que usan IA, pero sin una función real detrás, ese GPT termina olvidado, sin uso y sin impacto.

Un buen GPT es muy parecido a un buen lead magnet. No está hecho para impresionar, está hecho para resolver un problema específico de forma rápida, idealmente en menos de un minuto. Así como un PDF corto que te ayuda a dar un primer paso claro, un GPT bien diseñado debe darle a la persona una pequeña victoria inmediata. Por eso, antes de construirlo, pregúntate: ¿qué dificultad real has vivido tú en las últimas semanas o meses? ¿Dónde te habría venido perfecto tener una herramienta que te diera claridad, estructura o ideas en segundos?

Al principio, tu GPT no es “para el mundo”. Es para ti. Es para tu versión de hace seis meses, un año o incluso hace unas semanas, cuando estabas atascado con algo concreto. Puede ser crear mejores ideas de contenido, estructurar emails de venta, analizar una landing page, planificar entrenamientos, organizar tu semana o mejorar hábitos. Lo importante es que ese GPT nazca de un problema real que tú ya entiendes desde dentro. Esa conexión es lo que luego hará que también conecte con otras personas que están pasando por lo mismo.

Otro punto clave es definir qué resultado específico debe entregar. No es “ayudar a emprendedores”, eso es demasiado amplio. Es, por ejemplo, “ayudar a solopreneurs a definir su cliente ideal en 5 minutos”, o “Preparame un entrenamiento de tenis de 1 hora, para un grupo de 4 chicas sub 18 nivel competitivo que tienen torneo en 2 días y necesitan una carga menor pero muchos puntos”, o “generar 10 ideas de títulos de alto impacto para YouTube según un nicho concreto”. Mientras más claro y concreto sea el resultado, más útil será tu GPT y más fácil será para la persona entender por qué debería usarlo.

Aquí es donde tu GPT deja de ser solo una curiosidad tecnológica y se convierte en una pieza de tu sistema. Piénsalo como un engranaje dentro de una máquina más grande: tu ecosistema de contenido, emails, ofertas y comunidad. Esa pequeña solución rápida genera confianza. La persona ve que le ayudaste en algo real, en algo que le dolía. Y cuando luego entra a tu lista de emails o sigue consumiendo tu contenido, ya no parte desde cero. Parte desde una experiencia positiva contigo.

Además, este GPT debería tener algo que te diferencie. No se trata solo de copiar ideas que ya existen, sino de aplicar tu experiencia, tu enfoque y tu forma de ver el problema. Por ejemplo, podrías crear un GPT que ayude a solopreneurs a definir su cliente ideal con una mentalidad de atleta de alto rendimiento, o uno que te permita crear contenido o interactuar con tu voz, tus valores, aprendizajes, historias. Ese toque personal es lo que convierte una herramienta genérica, en un activo digital propio.

Y algo importante para que entiendas la visión a largo plazo: un GPT es como una mini app. Primero nace como un prompt bien diseñado que podrías usar en cualquier plataforma de IA. Luego lo conviertes en un GPT personalizado dentro de ChatGPT u otra herramienta de inteligencia artificial como Claude o gemini. Y más adelante, si quieres escalar, esa misma lógica se puede transformar en una herramienta web o una pequeña aplicación. Pero todo empieza aquí, con esta primera decisión estratégica: qué problema exacto vas a ayudar a resolver y qué resultado claro va a entregar tu GPT.

2. Diseña la transformación que quieres que la persona experimente

Una vez que tienes claro el problema que tu GPT va a resolver, el siguiente paso es pensar como un creador de productos, no solo como alguien que usa tecnología. Aquí ya no se trata de “qué le voy a decir al GPT”, sino de qué viaje va a vivir la persona que lo use. ¿Cómo entra a la conversación y cómo sale? ¿En qué punto está antes de usar tu GPT y en qué punto debería estar después de interactuar con él? Ese cambio, esa transformación, es lo que convierte a tu GPT en una herramienta valiosa y no en un simple generador de texto más.

Muchos cometen el error de pensar que un GPT solo debe “dar información”, como si fuera un PDF interactivo. Pero la clave no es solo entregar datos, sino mover a la persona del punto A al punto B con claridad y acción. Que al terminar la interacción no solo haya leído algo interesante, sino que tenga una decisión más clara, una idea más estructurada o un paso concreto que pueda ejecutar de inmediato. Ese es el tipo de experiencia que genera confianza y que hace que alguien diga: Esto me ayudó de verdad!

Un ejemplo muy claro de esto es mi Avatar Profiler. No es un GPT que habla de marketing en general ni que lanza consejos al aire. Está diseñado para guiar a la persona a través de una serie de preguntas que le obligan a pensar con más profundidad. Al inicio, muchos llegan confundidos, sin tener claro a quién le están vendiendo ni cómo conectar con esa audiencia. Al final del proceso, salen con un perfil emocional y estratégico mucho más definido de su cliente ideal. Ese es el viaje: de la confusión a la claridad.

Puedes probarlo por ti mismo aquí: https://martinmoncayo.com/avatar-profiler/ 

Otro ejemplo es mi generador de contenido de 30 días para Facebook, que empezó como un simple prompt bien estructurado y luego evolucionó hacia algo más robusto. Este sistema no solo escupe ideas de posts al azar. Primero obliga a la persona a definir qué quiere vender, a quién se lo quiere vender y desde qué ángulo quiere comunicar. Solo después de tener ese contexto claro, entra la parte de generación de contenido: ideas enfocadas en generar conversación, atraer leads y mover a la gente hacia una acción concreta. La transformación aquí es pasar de “no sé qué publicar” a tener un plan accionable de contenido con intención estratégica.

Lo que hace valioso este tipo de herramienta es que no se usa una sola vez. A diferencia de un PDF que descargas, lees y olvidas, un GPT bien pensado se convierte en algo a lo que vuelves una y otra vez. Cada vez que necesitas crear contenido, repensar tu mensaje o estructurar mejor tu comunicación, vuelves a esa herramienta. Esa recurrencia es oro, porque refuerza la relación entre la persona y tu forma de pensar. Poco a poco, tu GPT deja de ser solo una herramienta y se convierte en parte de su proceso.

Además, cuando diseñas esta transformación correctamente, estás construyendo algo que luego puedes escalar. Lo que empieza como un prompt puede convertirse en un GPT personalizado. Y lo que funciona bien como GPT puede evolucionar más adelante en una herramienta dentro de tu web o en un recurso más grande dentro de tu ecosistema digital. Pero todo eso depende de este paso: definir con precisión qué cambio real va a experimentar la persona después de usar tu GPT. Sin transformación, no hay impacto. Y sin impacto, no hay confianza ni crecimiento a largo plazo.

3. Escribe las instrucciones como si estuvieras entrenando a un asistente

Aquí es donde muchos se bloquean porque creen que necesitan saber programar, cuando en realidad lo que se necesita es pensar con claridad. Crear un buen GPT se parece mucho más a entrenar a un asistente nuevo para tu negocio que a escribir código. Si mañana contrataras a alguien para que te ayude con tu contenido, tus clientes o tu marketing, no le dirías simplemente “hazlo bien”. Le explicarías quién es tu audiencia, qué tono usas, qué tipo de cosas sí haces y cuáles no, qué preguntas debe hacer primero antes de responder, y qué errores debe evitar. Exactamente eso es lo que tienes que hacer aquí, pero por escrito.

Mientras más claro seas con el contexto, mejor será el resultado. Necesitas decirle al GPT quién es, a quién ayuda, con qué objetivo responde y bajo qué reglas trabaja. Puedes indicarle que use un tono cercano o profesional, que haga preguntas antes de dar recomendaciones, que entregue respuestas estructuradas paso a paso o que evite ciertos temas que no son relevantes. Si tu GPT genera imágenes, también puedes definir estilos visuales, tipos de encuadre o emociones que quieres transmitir. Todo eso forma parte de su “entrenamiento”, y cuanto más específico seas, más útil se vuelve la herramienta.

Lo bueno es que no tienes que acertar perfecto a la primera. Piensa en este proceso como cuando desarrollas una app o mejoras un sistema con metodología ágil: pruebas, observas qué funciona y qué no, y ajustas. Usas el GPT, ves dónde se queda corto, qué tipo de respuestas no te convencen, y vuelves a las instrucciones para afinarlas. Añades ejemplos, corriges el tono, aclaras restricciones. Poco a poco, esa base se va puliendo hasta que el GPT empieza a responder de una forma que realmente se siente alineada contigo y con la solución que quieres ofrecer.

También es clave que la base de esas instrucciones venga de una buena investigación. Conocer bien a tu audiencia, entender sus problemas reales y tener claro tu enfoque personal marca la diferencia. Si solo das instrucciones genéricas, obtendrás respuestas genéricas. Pero si incluyes ejemplos reales, casos típicos, errores comunes y tu forma particular de ver las cosas, el GPT empieza a reflejar tu criterio. En ese punto deja de ser una herramienta más y se convierte en una extensión de tu manera de pensar, algo que te representa y que realmente ayuda a resolver un problema específico.

4. Crea un flujo guiado, no solo respuestas sueltas

Un error muy común es diseñar el GPT como si fuera simplemente un ChatGPT con otro nombre. Pero la gracia de un GPT personalizado es que no responde al azar, sino que guía a la persona a través de un proceso. A diferencia de un chat normal donde puedes preguntar cualquier cosa en cualquier orden, aquí tú quieres que la experiencia tenga estructura. Si alguien se sale demasiado del tema, el GPT debería redirigir la conversación hacia su propósito principal, no perderse en preguntas que no tienen nada que ver.

La idea es que el GPT lleve de la mano al usuario desde el punto A hasta un resultado concreto en el punto B. Para eso, suele ser muy útil empezar con una o dos preguntas clave que ayuden a entender el contexto. En base a esas respuestas, el GPT puede analizar la situación y luego entregar un resultado estructurado, no solo un párrafo suelto. Después incluso puede sugerir próximos pasos para que la persona pueda aplicar lo que acaba de recibir. Eso convierte la interacción en un pequeño proceso guiado, no en una simple respuesta aislada.

Por ejemplo, en un generador de miniaturas para YouTube que creé hace poco, el flujo empieza con preguntas claras: de qué trata el video y cuál es el objetivo principal. Con esa base, el GPT propone varios ángulos de imagen y frases cortas que pueden funcionar bien como texto en la miniatura. Luego puede pedir una foto del creador o sugerir estilos visuales acordes al tema. No es una conversación caótica, es una secuencia pensada para terminar con una idea concreta y utilizable. Ese flujo es lo que hace que la herramienta sea práctica de verdad.

Lo mismo sucede con un sistema de prompts para crear contenido. Primero se define quién es el cliente ideal, qué se quiere vender y cuál es la historia o experiencia personal que se puede usar como base. Solo después de tener ese contexto, se generan ideas de posts, ángulos de comunicación o llamadas a la acción. El GPT no lanza textos genéricos desde el inicio, sino que construye sobre la información que recoge. Al final, la persona no recibe solo inspiración, sino material casi listo para usar, que luego puede pulir con su propio toque.

Cuando diseñas estos flujos, tu GPT deja de ser “otro chat más” y se convierte en una experiencia guiada. La persona siente que hay un orden, que hay una lógica, que alguien pensó el proceso por ella. Y eso genera una sensación de claridad y avance mucho mayor. Esa es la diferencia entre una herramienta curiosa y un activo digital potente que la gente quiere volver a usar.

5. Conecta tu GPT a tu sistema y conviértelo en un activo digital

Aquí es donde todo cobra sentido y donde un simple experimento con inteligencia artificial se transforma en algo estratégico para tu negocio. Al inicio, tu GPT nace para ayudarte a ti. Es tu asistente personal, tu herramienta interna para resolver un problema concreto más rápido, con más claridad o con menos fricción. Lo usas, lo pruebas, lo mejoras y ves en carne propia que realmente funciona. Pero cuando ya validaste que aporta valor real, es momento de dar el siguiente paso: compartirlo con personas que están en la misma situación en la que tú estabas antes de crearlo.

En ese momento, tu GPT deja de ser solo una herramienta interna y se convierte en un activo digital. Puedes ofrecerlo como lead magnet en una landing page, igual que harías con un PDF o una guía, pero con una gran diferencia: no es algo que se consume una sola vez y se olvida, sino una herramienta reutilizable que resuelve un problema específico de forma rápida e interactiva. La persona no solo descarga algo, sino que vive una pequeña experiencia donde obtiene un resultado personalizado. Eso genera mucho más valor percibido y, sobre todo, mucha más confianza.

A partir de ahí, el GPT pasa a formar parte de tu sistema. Lo colocas en una página enfocada en conversión, capturas el email de la persona, y en la thank you page puedes guiarla hacia el siguiente paso: ver un video, agendar una llamada o conocer una oferta relacionada. Luego entra en tu secuencia de emails, donde sigues educando, aportando valor y construyendo relación. Incluso puede ser la primera pieza de un embudo más grande, o el puente hacia un programa de afiliados, un servicio o tu propio producto. Aquí es donde la IA deja de ser solo algo “interesante” y se convierte en un motor de leads, autoridad y oportunidades.

Este es el paso que transforma un GPT bonito en un GPT estratégico. Pasa de ser una curiosidad tecnológica a ser una pieza real de tu ecosistema digital. Ya no es solo una herramienta aislada, sino un engranaje dentro de un sistema que atrae personas, genera confianza y abre la puerta a futuras ventas. Y eso, para un solopreneur que quiere construir activos y no depender solo de su tiempo, es una ventaja enorme.

Si quieres aprender a crear un GPT de este tipo, un activo de IA que resuelva un problema específico y te ayude a construir tu lista de emails, te dejo el siguiente enlace debajo con un entrenamiento de mi mentor Miodrag Milenkovich donde explica el proceso de como crear uno para ti y tu negocio paso a paso. Es una forma práctica de pasar de la teoría a la acción y empezar a crear tus propios AI Buyer Magnets!

Aprende a crear tu propio GPT aquí!

¿Solopreneur con mentalidad de atleta?

Únete a +350 y recibe emails semanales con ideas prácticas para crecer online con sistemas, foco y sin bullshit.

ACERCA DEL AUTOR 

Martín Moncayo es solopreneur digital con mentalidad de atleta. Ex tenista profesional, experto en email marketing, sistemas de venta, herramientas no-code y creación de contenido estratégico.

Ayuda a otros solopreneurs a construir negocios digitales rentables vendiendo productos propios o como afiliados.

Comparte aprendizajes reales, herramientas prácticas y enseñanzas aplicables desde su experiencia en el juego online (y en la cancha).

>