Durante años pensé que mi problema era no tener un sistema perfecto que me permitiera vender algo online. Creía que me faltaban piezas: una web mejor, un funnel más optimizado, una estrategia más avanzada o simplemente más tiempo para organizarlo todo. Pero con el tiempo entendí algo que cambió por completo mi perspectiva: no necesitaba un sistema perfecto, necesitaba una primera venta. Y no por el dinero en sí, sino por lo que esa primera venta representa mentalmente. Es un cambio de paradigma, una confirmación real de que existe otra forma de generar ingresos, una forma que no depende únicamente de intercambiar horas por dinero. Ese momento rompe muchas creencias limitantes que hasta entonces parecían verdad absoluta.
Recuerdo claramente cuando empezó todo para mí, durante la pandemia. Perdí mi trabajo y decidí empezar a buscar clientes por mi cuenta ofreciendo desarrollo web. Cuando conseguí ese primer cliente sentí algo difícil de explicar, porque más allá del pago económico lo importante fue la revelación interna: podía generar valor y cobrar por ello sin depender de una empresa o de un jefe. Fue un punto de inflexión mental. No era teoría ni algo leído en Internet; era algo que había experimentado en primera persona. Y cuando eso sucede, tu manera de ver las posibilidades cambia para siempre.
Más adelante experimenté algo parecido con el e-commerce y el dropshipping. Aunque no fue un modelo donde tuviera grandes resultados a largo plazo, sí recuerdo la emoción de despertarme una mañana y ver dos o tres ventas mientras estaba dormido. Ver esas notificaciones en Shopify fue casi surrealista. No había estado hablando con nadie ni trabajando activamente en ese momento, y aun así el sistema había generado movimiento por sí solo. Esa experiencia me mostró que el mundo digital tenía una lógica distinta, una que valía la pena explorar. Era prueba suficiente de que existían caminos alternativos para crear ingresos.
Algo similar ocurrió cuando promoví productos como afiliado hace algunos años. Publicando contenido y compartiendo enlaces, llegaron ventas sin que yo estuviera controlando cada paso del proceso. Esa fue otra confirmación poderosa. Entendí que no siempre necesitas crear algo desde cero para empezar, sino que puedes apalancarte en productos ya validados y enfocarte en la parte más importante: comunicar, conectar y vender. Ese descubrimiento me abrió la mente y me permitió entender que el verdadero desafío no era técnico, sino mental y estratégico.
Hoy, después de un tiempo enfocado en otros proyectos y servicios, estoy retomando el camino del affiliate marketing combinado con inteligencia artificial. Y aunque ya he vivido esas ventas en el pasado, volver a empezar trae nuevamente el desafío de conseguir esa primera validación. Porque cada nuevo proyecto necesita su propio punto de quiebre. Y por eso quiero que veas tus primeros 100 euros no como una meta financiera, sino como una prueba tangible de que el sistema funciona y de que tú también puedes hacerlo funcionar. Ese es el verdadero valor detrás de la primera venta.
El mito del negocio perfecto: por qué la mayoría se queda construyendo sin vender
Muchos solopreneurs no fallan porque no sepan qué hacer, sino porque esperan tener todo perfecto antes de vender. Creen que necesitan la web ideal, el branding impecable, el sistema automatizado funcionando al cien por ciento y una estrategia completamente definida antes de atreverse a ofrecer algo al mercado. Este pensamiento no solo aparece en los negocios; pasa también cuando alguien quiere empezar a entrenar, comenzar una dieta o lanzar un proyecto personal. Esperamos el momento perfecto, la idea perfecta o las condiciones perfectas, y mientras tanto el tiempo sigue pasando. Lo que empieza como planificación termina convirtiéndose en procrastinación disfrazada de productividad. La realidad es mucho más simple y, a veces, incómoda: avanzar con lo que tienes hoy suele ser mucho más poderoso que esperar a sentirte completamente listo.
En el mundo online esto se vuelve todavía más evidente. No necesitas un funnel complejo ni una máquina de ventas funcionando desde el día uno para empezar a generar ingresos. Muchas veces lo más inteligente es asociarte con alguien que ya tenga el producto validado y centrarte únicamente en la parte comercial, en comunicar, conectar y vender como afiliado o partner estratégico. De esa forma reduces el riesgo, eliminas la presión de construir algo enorme desde cero y te enfocas en la habilidad más importante: generar resultados reales. Luego, con el tiempo, puedes construir tu sistema, optimizar procesos y escalar. Pero al inicio, la simplicidad gana siempre.
Mirando mi propio camino, me doy cuenta de que nunca fue la perfección lo que me permitió avanzar, sino la acción. Cuando empecé con mi marca personal construí una web sencilla, más como carta de presentación que como un sistema sofisticado, y esa simple acción fue suficiente para conseguir clientes. Con affiliate marketing me pasó algo parecido: en algunos casos ni siquiera tenía embudos ni páginas complejas, simplemente publicaba contenido, generaba conversaciones y compartía oportunidades con personas interesadas. Algunas ventas llegaron así, casi de manera inesperada, porque el foco estaba en moverme y validar, no en construir la versión perfecta del negocio antes de empezar.
Esta mentalidad también se conecta con algo que aprendí en comunicación y ventas: querer hacerlo todo perfecto puede convertirse en una excusa para no ejecutar. Sobrepensar paraliza. Esperar el momento ideal frena el aprendizaje real. Como decía Sebastián Gómez, uno de mis mentores, muchas veces lo que necesitas es acción masiva e imperfecta. Esa idea me quedó grabada porque refleja exactamente cómo funcionan los negocios digitales: no mejoras antes de hacer, mejoras después de hacerlo varias veces. El mercado es quien realmente te dice qué funciona, no tus planes previos.
Recuerdo claramente mi primer cliente grande de desarrollo web. No tenía experiencia profunda creando sitios complejos en WordPress ni resolviendo problemas técnicos avanzados como migraciones de hosting o transferencias de dominio. Lo único que tenía era la confianza de que podía encontrar la solución una vez estuviera dentro del proyecto. Vendí primero y aprendí después. Fue una apuesta valiente, sí, pero también una lección poderosa: muchas veces el crecimiento ocurre porque te comprometes antes de tener todas las respuestas. Y ese principio aplica exactamente igual en affiliate marketing o en cualquier negocio digital.
Por eso hoy, mientras retomo este camino y busco nuevamente esa primera venta dentro de esta nueva etapa, quiero dejar algo claro: construir no es lo mismo que validar. Puedes pasar años construyendo algo perfecto sin saber si alguien lo quiere realmente. La validación ocurre cuando alguien saca la tarjeta y compra. Ese es el momento donde el negocio empieza a existir de verdad. Y este blog también es parte de ese proceso: dejar documentado el intento, el aprendizaje y el camino real de alguien que no está hablando desde la teoría, sino desde la práctica diaria de volver a empezar y avanzar con intención.
La idea simple que aprendí de Mike Killen: vende primero, complica después
Una de las ideas más valiosas que he aprendido siguiendo a Mike Killen es que tu primera venta online casi nunca viene de algo complejo. No nace de un funnel perfecto, de una web impecable ni de un producto gigantesco que te tomó meses construir. Viene de resolver un problema concreto para una persona específica de manera rápida y clara. Esa idea me hizo clic porque muchas veces, cuando empezamos, creemos que necesitamos crear algo enorme para merecer venderlo, cuando en realidad lo único que necesitas es ayudar a alguien a avanzar un paso. La pregunta correcta no es “¿qué producto grande puedo crear?”, sino “¿qué problema simple puedo resolver hoy para alguien que ya está buscando ayuda?”.
Este enfoque es muy similar a cómo funciona un buen lead magnet o una herramienta de inteligencia artificial bien diseñada. Un GPT útil no intenta resolver la vida completa del usuario; resuelve un problema pequeño, específico y accionable en pocos minutos. Lo mismo ocurre con una primera oferta. Puede ser una llamada de mentoría corta, una mini auditoría, un entrenamiento puntual o una guía práctica que simplifique algo que para ti ya es obvio pero para otra persona sigue siendo confuso. No necesitas crear un mega curso ni una oferta high ticket desde el principio. De hecho, muchas veces intentar hacerlo grande demasiado pronto solo retrasa lo más importante: validar que alguien está dispuesto a pagar por lo que sabes.
Si lo aterrizamos a ejemplos reales, las posibilidades son infinitas y mucho más simples de lo que la mayoría imagina. Puedes ofrecer una sesión rápida para ayudar a alguien a conectar su email marketing con WordPress, una revisión básica de su landing page, una mini clase sobre cómo escribir mejores subject lines o incluso una llamada para ayudar a priorizar tareas y organizar un sistema de productividad semanal. Algo pequeño, fácil de entregar y que puedas ejecutar con confianza porque ya lo has vivido o aprendido antes. Lo importante es que la persona termine esa experiencia sintiendo que avanzó, que resolvió algo real y que valió la pena.
Incluso fuera del mundo digital este principio funciona. Muchas personas desbloquean su primera venta simplemente vendiendo algo físico que ya tienen en casa: una raqueta de tenis que no usan, muebles que ocupan espacio o equipos que ya no necesitan. El monto no es lo importante al inicio; lo que importa es experimentar la transacción, ver que alguien paga por algo que tú ofreciste y sentir ese cambio mental que ocurre cuando entiendes que el intercambio de valor es real. Esa sensación de “funciona” es mucho más poderosa que los 100 euros en sí mismos.
Ahora bien, si hablamos específicamente de llegar a esos primeros 100 euros, hay varias formas simples de hacerlo sin complicarte. Puedes vender una sesión única de 100 euros si ya tienes algo de experiencia, o dividirlo en pequeñas ofertas —por ejemplo, cuatro mini sesiones de 25 euros— mientras construyes confianza y testimonios. También puedes combinar servicios y afiliación: por ejemplo, ayudar a alguien a montar una landing page básica por un precio accesible y, al mismo tiempo, usar tus enlaces afiliados para el software que recomienda, generando ingresos dobles sin aumentar la complejidad. Otra opción inteligente es ofrecer un bonus personal —una llamada, una checklist o una herramienta que tú mismo usas— cuando recomiendas un producto como afiliado, aumentando el valor percibido sin tener que crear algo enorme desde cero.
Lo que más rescato de esta filosofía es que te obliga a salir del perfeccionismo y entrar en el juego real del mercado. No se trata de reinventar la rueda ni de esperar a que todo esté listo; se trata de validar rápido, aprender rápido y mejorar mientras avanzas. Tu primera venta no debería ser una obra maestra, debería ser una prueba de que puedes ayudar a alguien y recibir algo a cambio. Una vez que eso ocurre, todo cambia porque ya no estás trabajando desde la teoría, sino desde la experiencia real.
Cómo lo estoy aplicando ahora: mi challenge real para conseguir la primera venta en esta nueva etapa
Para mí, esos primeros 100 euros no representan dinero. Representan algo mucho más profundo: una prueba psicológica, una barrera mental que se rompe y que cambia la forma en que ves lo que es posible para tu vida y tu negocio. He vivido esto varias veces en distintos momentos de mi camino como emprendedor, y siempre el patrón es el mismo. No se trata solo de vender algo; se trata de demostrarte a ti mismo que puedes hacerlo, que eres capaz de crear valor y recibir algo a cambio. Es un cambio de paradigma similar al que ocurre cuando haces algo por primera vez con valentía: hablar en público, viajar solo, publicar un video o tener una conversación incómoda que termina bien. Cada una de esas acciones expande tu identidad y abre una nueva versión de ti mismo.
Las ventas online funcionan de forma parecida, pero con un grado extra de dificultad. Aquí no depende únicamente de tu esfuerzo, sino también de tu capacidad para generar confianza y convencer a otra persona de que lo que ofreces tiene valor para su vida o su negocio. Y esa es una barrera que muchos no cruzan porque vender todavía tiene una carga emocional negativa. Nos han enseñado que vender es insistir, incomodar o presionar, cuando en realidad vender bien es ayudar a alguien a resolver un problema que ya sabe que tiene. En el mundo online eso se amplifica: primero debes educar, crear confianza, mostrar consistencia y demostrar que entiendes a la persona antes de que exista cualquier intercambio económico.
En esta nueva etapa estoy retomando el affiliate marketing como parte de mi sistema de solopreneur de alto rendimiento. Llevo más de cuarenta días ejecutando, creando contenido, probando ideas y moviéndome en el terreno real, aunque sin estar al cien por ciento porque combino esto con otras responsabilidades. Aun así, tengo claro que la meta inmediata no es el dinero en sí, sino ese primer resultado que confirma que el sistema funciona otra vez. Ya lo he vivido antes: en el pasado mis ventas llegaron a través de contenido, anuncios y personas que encontraron mis enlaces y decidieron comprar. Esta vez estoy añadiendo algo que quiero dominar mejor: la venta uno a uno, las conversaciones directas, la construcción de relaciones reales a través de mensajes y conexión personal.
Ese proceso me está enseñando algo importante: saber que algo es posible porque otros lo han logrado no es lo mismo que verlo suceder gracias a tus propias acciones. Puedes escuchar historias, ver estadísticas o consumir contenido inspirador, pero hasta que no eres tú quien está detrás del volante, nada cambia realmente. Es como aprender a manejar; alguien puede explicarte cada paso, pero solo cuando tú pisas el acelerador, cambias las marchas y sientes el movimiento entiendes cómo funciona de verdad. Yo aprendo haciendo, probando y ajustando sobre la marcha, y por eso este challenge es tan importante para mí ahora.
Hoy estoy combinando varias piezas: contenido, anuncios, interacción directa y herramientas de inteligencia artificial que me ayudan a optimizar el proceso. No busco solo una venta aislada; busco desarrollar una habilidad que pueda escalar en el tiempo y convertirse en parte sólida de mi sistema. Sé que la confianza y los resultados se construyen a través de la repetición y la exposición constante al proceso. Por eso quiero compartirlo desde ahora, no cuando ya esté todo resuelto, sino mientras está sucediendo. Porque el verdadero aprendizaje está en el camino, en el intento y en la ejecución diaria.
Y si algo quiero que te lleves de esta sección es esto: esos primeros 100 euros no son el destino, son la puerta de entrada. Son el momento en que dejas de mirar desde afuera y empiezas a participar realmente en el juego. Una vez cruzas esa línea, todo cambia porque ya no hablas desde la teoría, sino desde la experiencia. Y eso, para cualquier solopreneur, vale muchísimo más que el número que aparece en la pantalla.
Esto no es teoría: es el inicio de un desafío real
Este blog no nace desde la teoría ni desde alguien que ya llegó a la meta y ahora mira hacia atrás con respuestas perfectas. Nace desde el proceso mismo, desde el momento incómodo en el que todavía estás construyendo, probando y buscando ese siguiente nivel. Mi objetivo principal para este 2026 es claro: cerrar más ventas y desarrollar esa habilidad de forma consciente, no como algo ocasional que ocurre por suerte. Y para lograrlo, me he puesto un desafío concreto y medible: conseguir esa primera venta en esta nueva etapa antes de finales de febrero o, como máximo, mediados de marzo. No por el dinero en sí, sino porque sé que ese pequeño resultado representa un desbloqueo mental enorme que cambia la forma en la que me muevo y ejecuto.
Lo que estoy haciendo para lograrlo es sencillo en apariencia, aunque exige consistencia diaria. Estoy combinando creación de contenido —posts, blogs, videos— apoyado por herramientas de inteligencia artificial que me ayudan a acelerar ideas, estructurar mensajes y optimizar el proceso sin perder mi voz personal. Al mismo tiempo, estoy dedicando tiempo a lo que considero la pieza más importante y más difícil: interactuar con personas reales, construir relaciones, generar conversaciones y entender profundamente los problemas que tienen. Porque al final, la venta no ocurre por tener un embudo bonito, sino porque alguien siente que realmente lo entiendes y confía en ti.
Todo esto forma parte de un sistema más grande que intento mantener simple y sostenible. Cada día tiene una prioridad clara, y sobre esa base construyo el resto de actividades: networking, mensajes, seguimiento, contenido y mejora continua. Más allá de una venta puntual, este proceso también está construyendo activos que se acumulan con el tiempo: mi lista de emails, mi marca personal, mis habilidades de comunicación y las relaciones que voy creando en el camino. Por eso quiero documentarlo desde ahora y no solo mostrar el resultado final. A mediados de marzo publicaré una segunda parte con datos reales, aprendizajes y lo que haya funcionado —o no—, porque compartir el proceso completo es parte del valor de este experimento.
El plan que estoy ejecutando ahora (y que puedes modelar)
En lugar de decirte qué haría si empezara desde cero, prefiero mostrarte exactamente lo que estoy haciendo ahora mismo. Este blog no nace desde la teoría ni desde un sistema perfecto ya terminado, sino desde un proceso real que estoy viviendo mientras reconstruyo esta nueva etapa como afiliado y creador digital. Después de varios años vendiendo servicios, entrando y saliendo del mundo affiliate y probando distintos modelos, entendí que lo único que realmente funciona es tener un plan simple que puedas ejecutar incluso en semanas caóticas. No estoy esperando a tener todo optimizado para empezar; estoy construyendo mientras avanzo, ajustando sobre la marcha y usando cada interacción como feedback real del mercado.
Mi sistema actual parte de algo muy sencillo: elegir un problema específico que conozco bien, normalmente algo que yo mismo viví hace meses o años, y conectar ese problema con una oferta clara que pueda ayudar a alguien hoy. A partir de ahí, el enfoque principal no es crear más cosas, sino crear conversaciones reales. Por eso gran parte de mi energía diaria está en interactuar, publicar contenido que documenta el proceso y hablar con personas que ya están intentando resolver ese problema. En mi caso, ahora mismo eso ocurre principalmente en Facebook, combinando contenido estratégico con mensajes directos y relaciones uno a uno. El objetivo no es solo vender, sino entender qué mensajes conectan, qué dudas se repiten y qué tipo de ayuda la gente realmente está buscando.
Después viene algo que antes ignoraba y ahora considero clave: iterar rápido. No espero semanas para cambiar algo; observo cómo responde la gente, ajusto mensajes, modifico ofertas y sigo avanzando. El sistema no es perfecto ni pretende serlo. Es simplemente ejecutable. Y esa diferencia lo cambia todo, porque un sistema ejecutable crea momentum, mientras que uno demasiado complejo solo genera parálisis. Cada semana me da más claridad sobre lo que funciona y sobre lo que debo dejar atrás, y esa claridad es lo que eventualmente lleva a la venta.
Si quieres, voy a dejar un enlace con el calendario simple que estoy usando para organizar mis semanas de trabajo (2–3 horas al día). No es una fórmula mágica ni una plantilla rígida, pero sí una estructura que me está ayudando a mantener enfoque y avanzar sin depender de la motivación. Puedes copiarla, adaptarla y usarla como base para construir tu propio sistema.
La primera venta no es dinero: es un cambio de identidad
No necesitas un negocio perfecto ni un sistema complejo para empezar. Lo que realmente necesitas es una primera prueba real de que puedes vender, de que puedes crear valor y recibir algo a cambio gracias a tus propias acciones. Ese primer resultado, sea de 10, 50 o 100 euros, tiene un impacto mucho mayor que el dinero: cambia tu forma de pensar, refuerza tu confianza y transforma la manera en la que ves tu potencial como solopreneur.
Si estás leyendo esto, quiero dejarte una pregunta sencilla pero poderosa: ¿cuál sería la oferta más simple que podrías crear hoy para ayudar a alguien y empezar a validar tu idea? No busques perfección, busca movimiento. Busca esa pequeña acción que pueda convertirse en el punto de quiebre que estás esperando.
Y si quieres acelerar este proceso, te dejo aquí abajo el recurso que estoy usando ahora mismo: un programa donde puedes aprender a crear activos digitales con IA y, al mismo tiempo, usarlos para construir audiencia y generar oportunidades reales. También estaré compartiendo el avance de este desafío durante las próximas semanas, así que si quieres seguir el proceso y ver qué sucede cuando alguien realmente ejecuta, suscríbete y acompáñame en esta fase.
Recuerda esto: la acción vence a la perfección, pero la acción con intención es lo que cambia tu vida a largo plazo. Nos vemos en el próximo blog.
